Código CRUEL: Capítulos 1 y 2 en español

Hola!

Hoy les traigo los primeros dos capítulos de The Fever Code traducidos. El libro aún no ha sido publicado (sale en septiembre de este año). Estos capítulos vinieron de regalo con el último libro de James, The Rule of Toughts (El Juego Infinito: La Batalla Final). Para entender este libro, es necesario haber leído toda la saga (incluyendo la precuela y Expedientes Secretos), también haber leído el prólogo que salió a principios de este año. Les dejo el link a continuación:

Prólogo de The Fever Code traducido al español

Agradecimientos a  Maze Runner France en twitter por los capítulos en inglés y a Maze Runner México en Facebook por la traducción de la primera parte. Si toman la info, agradecería los créditos♥. Sin más que decir (excepto agradecerles por todo el apoyo), les dejo los capítulos.

Actualización: El archivo está disponible para descargar en la entrada Saga completa


Traducción: ig @mazerunnerspanish_


CAPÍTULO 1:

221.11.28 | 9:23 am.

“Stephen. Stephen. Stephen. Mi nombre es Stephen.”

Estuvo repitiéndolo una y otra vez para sí mismo los últimos dos días – desde que lo alejaron de su madre. Recordaba cada segundo de sus últimos momentos con ella, cada lágrima que corrió por su rostro, cada palabra, cada cálida caricia. Era joven, pero entendía que esto era lo mejor. Había visto a su padre sumergido en la completa maldad, rabia, miseria y peligro. No podía soportar que eso le sucediera a su madre.

Aun así, el dolor de ser separados lo consumió. Un océano que lo había hundido, bajo su frialdad y profundidad que nunca terminaba. Estaba recostado en la cama en su pequeño cuarto, con sus piernas recogidas hacia su pecho y sus ojos cerrados, en posición fetal, como si eso fuera a hacer que el sueño llegara a él. Pero desde que se lo habían llevado, dormitaba en arrebatamientos de nubes llenas de oscuridad y alaridos de bestias. Se concentró.

“Stephen. Stephen. Stephen. Mi nombre es Stephen.”

Se imaginó que tenía dos cosas de las cuales sostenerse: sus memorias y su nombre. Seguramente ellos no podían tomar la primera, pero si podían robar la segunda. Por dos días lo presionaron para aceptar su nuevo nombre: Thomas. Él se negó, aferrándose con desesperación a las siete letras de su propio nombre.  Stephen tenía tan sólo cinco años de edad, sin embargo, su única visión del mundo había estado llena de oscuridad y dolor. Y luego estas personas se lo llevaron. Parecían decididas a asegurarse de que él se diera cuenta que las cosas sólo podían empeorar, todas las lecciones aprendidas eran una más dura que la anterior.

Su puerta sonó, entonces inmediatamente se abrió. Un hombre entró, vestido con un traje verde de una sola pieza que parecía un pijama para adultos. Stephen quería decirle que se veía ridículo, pero decidió mantener su opinión para sí mismo. Su paciencia comenzaba a agotarse. En su lugar, rápidamente cerró los ojos.

“Thomas, ven conmigo”, dijo el hombre.

Stephen, Stephen, Stephen. Mi nombre es Stephen.

Él no se movió. Mantuvo los ojos cerrados con fuerza. Esperando a que el desconocido entrara. Una persona diferente había llegado cada vez. Ninguno de ellos había sido hostil, sin embargo, ninguno había sido muy agradable tampoco. Todos ellos parecían distantes, sus pensamientos en otro lugar, alejados del niño solo en la cama.

El hombre volvió a hablar, ni siquiera tratar de ocultar la impaciencia en su voz. “Thomas, levántate. No tengo tiempo para juegos, ¿de acuerdo? Nos están presionando para tener todo listo, y he oído que estás entre los últimos que se resisten a su nuevo nombre. Dame un descanso, hijo. ¿Es esto en verdad todo por lo que quieres pelear, después de que te salvaran de lo que está pasando ahí fuera?”

Stephen se obligó a no moverse, el resultado sólo fue una rigidez que no podría parecerse a alguien durmiendo. Contuvo la respiración hasta que finalmente tuvo que aspirar en una gran bocanada de aire. Renunció, rodó sobre su espalda y miró al desconocido a los ojos.

“Te ves estúpido”, dijo.

El hombre trató de ocultar su sorpresa, pero no pudo; diversión cruzó por su rostro.

“¿Disculpa?”

Ira estalló en el interior de Stephen. “Dije que te ves estúpido. Ese mono verde ridículo. Y ríndete ya. No voy a hacer lo que sea que quieres que haga. Y definitivamente no voy a ponerme cualquier cosa que se parezca a ese disfraz que llevas. Y no me llames Thomas. Mi nombre es Stephen.”

Todo salió de un tirón, y Stephen tuvo que aspirar en otra gran bocanada de aire, con la esperanza de no arruinar su momento. Haciéndolo parecer débil.

El hombre se echó a reír, y sonaba más divertido que condescendiente. Todavía hacía que Stephen quisiera tirar algo al otro lado de la habitación.

“Me dijeron que tenías…” el hombre hizo una pausa, miró hacia abajo en un bloc de notas electrónico que llevaba. “… Una entrañable cualidad de niño de ti, supongo que no lo estoy viendo.”

“Eso fue antes de que me dijeran que tenía que cambiar mi nombre”, Stephen contrarrestó. “El nombre que mi mamá y papá me dieron. El que ustedes me quitaron”.

“¿Podría ser el padre que se volvió loco?”, Preguntó el hombre. ¿”El que estaba tan enfermo que casi golpeó a tu madre hasta la muerte? Y ¿la madre que nos pidió que te lleváramos lejos? ¿Quién estaba empeorando cada día? ¿Esos padres?”.

Stephen se revolvió en la cama, pero no dijo nada.

Su visitante vestido de verde se acercó a la cama, se puso en cuclillas.

“Mira, eres sólo un niño. Y eres obviamente brillante. Realmente brillante. También eres inmune a la llamarada. Tienes un montón de cosas importantes por hacer”.

Stephen escuchó la advertencia en la voz del hombre. Lo que vendría después no iba a ser bueno.

“Vas a tener que aceptar la pérdida de ciertas cosas y pensar en algo más grande  que ti mismo”. Él continuó. “Si no encontramos una cura dentro de unos pocos años, los seres humanos estarán acabados. Así que esto es lo que va a pasar, Thomas.  Vas a levantarte. Vas a caminar conmigo hacia esa puerta. Y yo no voy a volver a repetirlo”.

El hombre esperó por un momento. Su mirada inquebrantable; luego se levantó y giró para salir.

Stephen se levantó. Siguió al hombre a través de la puerta.


Traducción: ig @mazerunnerspanish_


CAPÍTULO 2:

221.11.28 | 9:56 am.

Cuando entraron en el pasillo. Stephen obtuvo su primer vistazo de otro niño desde que había llegado. Una niña. Tenía el pelo castaño y parecía que podría ser un poco mayor que él. Era difícil de decir, sin embargo; él consiguió solamente un breve vistazo a ella mientras una mujer la acompañaba a la habitación justo al lado de la suya. La puerta se cerró de golpe a penas ella y su escolta pasaban, y él se dio cuenta de la placa en la parte delantera de su superficie blanca: 3K.

“Teresa no ha tenido ningún problema en tomar su nuevo nombre”, el hombre de verde dijo mientras se movían por el largo pasillo con poca luz. “Por supuesto, eso es porque ella quiere olvidar el que le habían dado.”

“¿Cuál era?”, Preguntó Stephen, su tono se acercó a algo parecido a la cortesía. Él realmente quería saber. Si la chica realmente se había dado por vencida tan fácilmente, tal vez podría aferrarse a su nombre también — un favor a un amigo potencial.

“Va a ser bastante difícil que olvides el tuyo”, fue la respuesta. “No me gustaría que te cargaras con otro.”

Yo nunca lo olvidaré, Stephen dijo para sí mismo. Nunca“.

En algún lugar en el borde de su mente, se dio cuenta de que él ya había cambiado su postura, muy ligeramente. En lugar de insistir en que se llamaba Stephen, había comenzado a prometer simplemente no olvidar a Stephen. ¿Se había ya rendido? ¡No! Casi gritó en voz alta.

“¿Cuál es tu nombre?”, Preguntó, necesitando una distracción.

“Randall Spilker,” dijo el hombre sin romper su paso. Doblaron una esquina y llegaron a un banco de ascensores.

“Hubo una vez, cuando yo no era un idiota, confía en mí. El mundo, la gente para la que trabajo” -hizo un gesto para nada en particular- “todo esto convirtió mi corazón en un pequeño trozo de carbón negro. Mala suerte para ti.”

Stephen no tuvo respuesta, ya que estaba ocupado preguntándose a dónde iban. Se detuvieron en el ascensor cuando se detuvieron y las puertas se abrieron.

Stephen se sentó en una silla extraña, sus diversos instrumentos incorporados hacían presión en sus piernas y espalda. Los sensores inalámbricos, cada uno apenas del tamaño de una uña, se colocaron en sus sienes, cuello, muñecas, codos y el pecho. Observó la consola junto a él, recogiendo datos,sonando y pitando. El hombre en el pijama se sentó en otra silla para observar, con las rodillas sólo a un par de pulgadas de las de Stephen.

“Lo siento, Thomas. Ellos no suelen esperar mucho tiempo antes de que intentaran esto”, dijo Randall. Parecía más amable que lo que sonó cuando estaban en el pasillo y en la habitación de Stephen. Me gustaría darte un poco más de tiempo para que aceptes tu nuevo nombre de forma voluntaria, al igual que lo hizo Teresa. Pero el tiempo es un lujo que no tenemos ahora.”

Él levantó una pequeña pieza de plata brillante; un extremo redondeado y el otro cónica de gran nitidez.

“No te muevas”, dijo Randall, inclinándose hacia delante como si fuera a susurrar algo al oído de Stephen. Antes de que pudiera cuestionar al hombre, Stephen sintió un dolor agudo en el cuello, justo debajo de la barbilla. A continuación, la inquietante sensación de algo hormigueando en su garganta. Gritó, pero se terminó tan rápido como había empezado, y no sintió nada más que el pánico que llenaba su pecho.

“¿Q-qué fue eso?”, Balbuceó. Él trató de levantarse de la silla a pesar de todas las cosas unidas a él.

Randall lo empujó hacia atrás en su asiento. Fácil de hacer cuando eres dos veces más grande que el tamaño de Stephen.

“Es un simulador de dolor. No te preocupes. Se va a disolver y a eliminarse de tu sistema. Finalmente. Para entonces, es probable que no lo necesites más.” Se encogió de hombros. ¿Qué puedes hacer? “Pero siempre podemos insertar otro si lo es necesario. Ahora cálmate”.

Stephen tuvo dificultad para recuperar el aliento. “¿Qué van a hacerme?”

“Bueno, eso depende … Thomas. Tenemos un largo camino por delante de nosotros, tú y yo. Todos nosotros. Pero hoy, ahora mismo, en este momento, podemos tomar un atajo. Un pequeño camino por el bosque. Todo lo que necesitas hacer es decirme tu nombre.”

“Eso es fácil. Stephen.”

Randall dejó caer la cabeza en sus manos. “Hazlo,” dijo, su voz un poco más que un susurro cansado.

Hasta ese momento, Stephen nunca había conocido el dolor fuera de los raspones y golpecitos de la niñez. Y así fue que cuando la tempestad de fuego estalló en todo su cuerpo, cuando la agonía estalló a través de sus venas y músculos, que no tuvo palabras para ello, no tuvo capacidad para comprender. Sólo quedaron los gritos que apenas llegaron a sus oídos antes de que su mente se apagara y lo salvara.

Stephen volvió en sí, respirando con dificultad y empapado en sudor. Todavía estaba en la extraña silla, pero en algún momento, lo habían atado a ella con correas de cuero suave. Todos los nervios de su cuerpo zumbaban con las secuelas persistentes del dolor infligido por Randall y el dispositivo implantado.

“¿Qué …”, susurró Stephen, un graznido ronco. Le ardía la garganta, diciéndole todo lo que necesitaba saber acerca de lo mucho que había gritado en el momento en que perdió el conocimiento. “¿Qué?”, Repitió, su mente luchando para conectar las piezas.

“Traté de decirte, Thomas,” dijo Randall, con tal vez, tal vez, un poco de compasión en su voz. Posiblemente arrepentimiento. “No tenemos tiempo que perder. Lo siento. Realmente lo siento. Pero vamos a probar de nuevo. Creo que se entiende ahora que esto es solamente una prueba. Es importante que todo el mundo aquí acepte su nuevo nombre.” El hombre miró hacia otro lado y se detuvo un largo tiempo, mirando al suelo.

“¿Cómo pudiste hacerme daño?”, Preguntó Stephen través de su garganta desgarrada. “Sólo soy un niño pequeño.”

Joven o no, él entendía lo patético que sonaba.

Stephen también sabía que los adultos parecían reaccionar a cosas patética en una de dos maneras. Sus corazones se derretirían un poco y cesarían el ataque. O la culpa quemaría como un horno dentro de ellos y se endurecerían. Randall eligió la segunda opción, su cara enrojeció mientras gritaba de nuevo.

“Todo lo que tienes que hacer es aceptar tu nombre! Ahora – No estoy jugando más. ¿Cuál es tu nombre?”

Stephen no era tonto- solo debía pretender por ahora.

“Thomas. Mi nombre es Thomas.”
“No te creo”, respondió Randall, sus ojos cargados de oscuridad. “De nuevo.”
Stephen abrió la boca para responder, pero Randall no había estado hablando con él. El dolor volvió, más duro y más rápido. Apenas tuvo tiempo de registrar la agonía antes de desmayarse.

“¿Cuál es tu nombre?”
Stephen apenas podía hablar. “Thomas”.
“No te creo.”
“No” Él gimió.
El dolor ya no era una sorpresa, ni era la oscuridad que se produjo después.

“¿Cuál es tu nombre?”
“Thomas”.
“No quiero que se olvide.”
“No”, gritó, temblando de llanto.

“¿Cuál es tu nombre?”
“Thomas”.
“¿Tiene algún otro nombre?”
“No. Sólo Thomas “.
“¿Alguna vez alguien te ha llamado de otra forma?”
“No. Sólo Thomas “.
“¿Alguna vez olvidarás tu nombre? ¿Alguna vez utilizarás otro? ”
“No.”
“Bueno. A continuación, te voy a dar un último recordatorio “.

Más tarde, yacía en su cama, una vez más, se enroscó sobre sí mismo. El mundo exterior se sentía muy lejos, en silencio. Se había quedado sin lágrimas, su cuerpo entumecido, excepto por un hormigueo desagradable. Era como si todo su ser se hubiese quedado dormido. Se imaginó a Randall frente a él, la culpa y la ira mezcladas letalmente, ira y rabia que envolvieron su rostro en una máscara grotesca como cuando él le infligió dolor.

Nunca voy a olvidar, se dijo. Tengo que nunca, nunca olvidar.

Y así, en el interior de su mente, entonaba una frase familiar, una y otra y otra vez. A pesar de que no podía poner un dedo sobre ella, algo parecía diferente.

Thomas, Thomas, Thomas. Mi nombre es Thomas.

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