Prólogo de The Fever Code traducido al español

Hoy ha sido revelado el prólogo de la nueva precuela de Maze Runner. Ya nos habían adelantado meses atrás que este sería narrado desde el punto de vista de Newt y tal y como esperamos, nos va a romper el corazón. Es como estar feliz porque nos han dado un adelanto del libro (recuerden que sale en septiembre de este año) pero ¡Vaya adelanto¡

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Si desean saber todos los datos de la nueva prcuela, visiten la entrada a continuación: Nuevo libro: The Fever Code

Por favor, si van a usar el contenido, les agradecería que den los créditos respectivos 🙂

Extracto de The Fever Code  por James Dashner.

Traducción: ig mazerunnerspanish_

Prólogo

Newt.

Nevó el día que mataron a los padres del niño.

Un accidente, dijeron más tarde, pero él estaba allí cuando sucedió y supo que no fue un accidente.

La nieve llegó antes que ellos, casi como un presagio blanco y frío, cayendo del cielo gris.

Podía recordar lo confuso que fue. El calor sofocante había tratado brutalmente su ciudad durante meses que se extendieron en años, una línea infinita de días llenos de sudor, dolor y hambre. Él y su familia sobrevivieron. Mañanas esperanzadoras se convirtieron en tardes de hurgar para buscar alimentos, de peleas y ruidos aterradores. Luego, noches de entumecimiento por los largos días de calor. Se sentaba con su familia y veía el caer del atardecer del cielo y el mundo desaparecer lentamente ante sus ojos, preguntándose si volvería a aparecer con el amanecer.

A veces los locos venían, indiferente al día o de la noche. Pero su familia no hablaba de ellos. No su madre, no su padre; Ciertamente no él. Se sentía como si admitir su existencia en voz alta podría invocarlos, como un hechizo convocando a los demonios. Sólo Lizzy, dos años más joven pero dos veces más valiente que él, tenía las agallas para hablar de los locos, como si fuera la única lo suficientemente inteligente como para ver la superstición como una tontería.

Y no era más que una niña pequeña.

El muchacho sabía que tenía que ser el único con el valor de consolar a su hermana pequeña. No te preocupes, Lizzy. El sótano está bien cerrado; las luces están apagadas. Las malas personas ni siquiera saben que estamos aquí. Pero siempre se encontró sin palabras. La había abrazo con fuerza, apretándola como su propio oso de peluche para su comodidad. Y cada vez, ella le había dado palmaditas en la espalda. La amaba tanto que su corazón dolía. La había apretado con más fuerza, en silencio, jurando que nunca dejaría que los locos la hirieran, con ganas de sentir los golpes de sus palmadas entre los omóplatos.

A menudo, se quedaban dormidos de esa manera, acurrucados en el rincón del sótano, en la parte superior del colchón viejo que su padre había arrastrado por las escaleras.

Su madre siempre  ponía una manta sobre ellos, a pesar del calor– su pequeño acto de rebeldía contra las Llamaradas que habían arruinado todo.

Esa mañana, se despertaron con un espectáculo maravilloso.

“¡Niños!”

Era la voz de su madre. Había estado soñando, algo acerca de un partido de fútbol, la pelota giraba a través de la hierba verde del campo de juego, en dirección a una meta abierta en un estadio vacío.

“¡Niños! ¡Despierten! ¡Vengan a ver! “

Al abrir los ojos, vio a su madre mirando por una pequeña ventana, la única en la habitación en el sótano. Ella había quitado la placa que su padre había clavado allí la noche anterior, como hacía cada noche al atardecer. Una luz suave y gris brillaba sobre el rostro de su madre, dejando al descubierto los ojos llenos de asombro brillante. Y una sonrisa como si él no la hubiera visto en un tiempo muy largo así que se le iluminó aún más.

“¿Qué está pasando?”, Murmuró, poniéndose de pie. Lizzy se frotó los ojos, bostezó, y luego lo siguió hasta donde mamá miraba a la luz del día.

Podía recordar varias cosas acerca de ese momento. Su padre todavía roncaba como una bestia a la vez que el niño se asomaba, entrecerrando los ojos mientras se adaptaban a la luz. La calle estaba vacía de locos, y las nubes cubrían el cielo, una rareza en estos días. Se quedó helado cuando vio los copos blancos. Cayeron de la grisura, arremolinándose y bailando, desafiando la gravedad y revoloteaban antes de flotar hacia abajo de nuevo.

Nieve.

Nieve.

“¿Qué diablos?” (What the bloody hell?), Murmuró en voz baja, una frase que había aprendido de su padre.

“¿Cómo puede nevar, mamá?”, Preguntó Lizzy, con los ojos vacíos de sueño y llenos de una alegría que taladraba su corazón. Se agachó y tiró de su trenza, sabía lo mucho que eso hizo que su miserable vida valga la pena.

“Oh, ya sabes,” contestó mamá, “todas esas cosas que la gente dice. El sistema climático de todo el mundo cayó en pedazos, gracias a las llamaradas. Vamos a disfrutar de esto, ¿de acuerdo? Es bastante extraordinario, ¿no les parece?”

Lizzy respondió con un suspiro de felicidad.

Observó, preguntándose si volvería a ver algo así de nuevo. Los copos a  la deriva, eventualmente tocando tierra y derritiéndose tan pronto como se encontraron con el pavimento. Gotas húmedas salpicaban el cristal de la ventana.

Se quedaron así, viendo el mundo exterior, hasta que sombras cruzaron el espacio en la parte superior de la ventana. Se habían ido tan pronto como aparecieron. El niño estiró el cuello para echar un vistazo a quién o qué había pasado, pero parecía demasiado tarde. Unos segundos más tarde, un duro golpe tocó la puerta frontal por encima. Su padre estaba de pie antes de que terminara el sonido, de repente despierto y alerta.

“¿Has visto a alguien?”, Preguntó papá, su voz un poco ronca.

La cara de mamá había perdido la alegría de momentos antes, sustituido por los pliegues más familiares de interés y preocupación. “Sólo una sombra. ¿Respondemos?”

“No”, respondió papá. “Sin duda alguna no lo hacemos. Oren para que desaparezcan, quien quiera que sea. “

“Podrían entrar,” susurró mamá. “Sé que lo harían. Podrían pensar que el lugar está  abandonado, tal vez piensen que hay comida enlata en la parte de atrás”.

Papá la miró durante un largo tiempo, su mente trabajando en silencio. A continuación, boom, boom, boom. Las golpes en la puerta sacudieron toda la casa, como si sus visitantes hubieran traído con sigo una bomba de ariete.

“Quédate aquí,” dijo papá con cuidado. “Quédate con los niños.”

Mamá empezó a hablar, pero se detuvo, mirando hacia abajo a su hija e hijo, sus prioridades obvias. Ella les dio un abrazo, como si sus brazos pudieran protegerlos, y el niño dejó que el calor de su cuerpo lo calmara. Él la abrazó con fuerza mientras papá en voz baja hizo su camino hasta la escalera, el piso de arriba crujía mientras se movía hacia la puerta principal. Luego, el silencio.

El aire se hizo pesado, presionando hacia abajo. Lizzy se acercó y tomó la mano de su hermano. Por último, se encontró con palabras de consuelo y se las dijo a ella.

“No se preocupen”, él susurró, apenas más que un soplo. “Es probable que sólo sean algunas personas que padecen hambre y buscan alimento. Papá les va a compartir un poco, y luego seguirán su camino. Ya lo verán”. Él apretó los dedos de su hermana con todo el amor que podía, sin creer una sola palabra de lo que había dicho.

Luego vino una ráfaga de ruidos.

La puerta se abrió de golpe.

Fuertes, voces airadas.

Un crujido, a continuación, un golpe que hizo temblar las tablas del suelo.

Fuertes, terribles pasos pesados.

Y luego los extraños corrían por las escaleras. Dos hombres, tres, una mujer– cuatro personas en total. Los llegados estaban fuertemente vestidos debido al clima, y no se les veía ni amables ni amenazantes. Meramente solemnes hasta la médula.

“Ustedes han ignorado todos los mensajes que hemos enviado,” uno de los hombres declaró mientras examinaba la habitación. “Lo siento, pero necesitamos a la chica. Elizabeth. Lo siento mucho, pero no tenemos otra opción”.

Y solo con eso, el mundo del niño terminó. Un mundo ya lleno de las cosas más tristes que un niño podía contar. Los desconocidos se acercaron, cortando el aire tenso. Llegaron a Lizzy, la agarraron de la camisa, empujaron a mamá-frenética, salvaje, gritando, que se agarró a su hija. El niño corrió hacia adelante, golpeó en la parte posterior de los hombros de un hombre. Inútil. Un mosquito atacando a un elefante.

La expresión del rostro de Lizzy durante la repentina locura. Algo frío y duro rompió dentro del pecho del niño, piezas que caen con los bordes dentados, desgarrándolo. Era insoportable. Él dejó escapar un enorme grito y se lanzó más fuerte hacia los intrusos, oscilando bruscamente.

“¡Basta!”, Gritó la mujer. Batió una mano por el aire, abofeteó al niño en la cara, un dolor como de picadura de serpiente. Alguien golpeó a su madre fuertemente en la cabeza. Ella se derrumbó. Y luego se escuchó un ruido como el trueno, cerca y en todas partes a la vez. Sus orejas repicaron con un zumbido ensordecedor. Se dejó caer contra la pared y quedó aterrado.

Uno de los hombres, un disparo en la pierna.

Su padre estaba en la puerta, pistola en mano.

Su madre chillando mientras se abría paso desde el suelo, tratando de alcanzar a la mujer que había sacado su propia arma.

Papá disparando dos veces más. Un ping de metal y el crujido del hormigón cuando la bala impactaba. Fallidos, ambos.

Mamá tirando de los hombros de la dama.

A continuación, la mujer dio un codazo, encendido, hilado, disparó tres veces más. En el caos, el aire se espesó, todo el sonido en retirada, el tiempo un concepto extraño. El niño miraba, se abría un vacío debajo de él, ambos padres cayeron. Pasó un largo momento, nadie se movió, sobre todo mamá y papá. Ellos nunca se movieron de nuevo.

Todos los ojos se dirigieron a los dos niños huérfanos.

“Agárralos a ambos, maldición,” uno de los hombres dijo finalmente. “Pueden utilizar al otro como un sujeto de control.”

La forma en que el hombre le apuntaba, tan a la ligera, como si acabara de decidirse por una lata de sopa al azar en la despensa. Él nunca lo olvidaría. Peleó por Lizzy, la tomó en sus brazos. Y los extraños se los llevaron.

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17 Comentarios Agrega el tuyo

  1. miriam gallegos dice:

    Llore cuando lo estaba leyendo😭

    Le gusta a 1 persona

  2. Isabel Saucedo dice:

    Es muy triste, peri interesante

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  3. Rocío dice:

    A James no le alcanzó con hacernos llorar y sufrir el The Death Cure, ya nos larga este pròlogo que sin duda te destroza el corazón💔. No quiero imaginar lo que será el resto del libro..

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  4. Milenitaleon dice:

    A James le encanta hacernos llorar, si con solo esto se me partió el corazón, ya me imagino el libro completo 😦

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  5. Ingrid dice:

    Ya no puedo esperar a que salga el libro. Gracias por traducirlo. :’D

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  6. MacaO'Brien dice:

    James nos quiere hacer sufrir 😭💔
    Le gusta vernos llorar

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  7. Liz dice:

    O por Dios llore me quebre quede en shock 😱😭

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  8. Valentina dice:

    Dios! Mi pobre corazón! 😢 no se si podré soportar tanto sufrimiento! Pero aún así lo leeré y lloraré sin más remedio. Gracias por traducirlo.

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  9. Marti Larsha dice:

    😭😭 no quiero imaginar como será el resto del libro 😭😭

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  10. Lizzie N dice:

    LIZZIE ! No se..pero…LIZZIE! ………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………..Newt.

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  11. Miss Paige dice:

    Sin duda alguna, este a sido el prólogo que más me ha gustado, ya no sólo porque te habla sobre parte de la infancia de Newt si no porque también, James nos muestra las cosas desde una perspectiva que pocas veces habíamos visto. El texto en si me ha resultado súper emotivo. No he llegado a soltar lágrimas esta vez pero de por sí, el texto te incita a llorar XD. Me muero ya por leer el libro completo ^^

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  12. Ainsley dice:

    Este prólogo, que triste, muero 😦

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  13. jaritza saenz dice:

    Gracias por traducir
    No se como ni con q fuerzas leeré el libro completo pero estoy dispuesta a hacerlo
    PD: james es CRUEL

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  14. Maria de la Paz dice:

    Apenas leí el prologo y ya me hizo llorar 😥

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  15. Delfina dice:

    Odio a James Dashner! Estoy llorando a maressss 💔💔💔😭😭

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